¿Por qué la primera noche lejos de casa siempre es difícil?

Irse de vacaciones, a vivir sólo, mudarse o dormir en la casa de un amigo o pareja por primera vez, siempre es una situación anormal. Uno se aleja de su zona de confort, en la que descansa a diario, y comienzan a surgir problemas en el descanso. 

La primera noche lejos de casa suele ser un trastorno. Por suerte eso tiene explicación, y mejor aún, solución.

¿A qué se debe?

Según distintos médicos y teóricos el problema es que dormimos en estado de alerta. Hay nuevos ruidos, nuevas cosas en el ambiente y un entorno distinto. Ante ese desconocimiento, el cerebro no logra descansar como lo hace bajo “situaciones normales”.

Ese estado de alerta genera que el sueño sea menos profundo. Cualquier ruido puede despertarnos y cualquier olor molestarnos. Por esos motivos, dormir en un lugar nuevo, es todo un desafío para nuestra mente.

A quién no le ha pasado estar durmiendo en un lugar nuevo, escuchar un ruido, y que el mundo se le venga abajo. “Tal vez apareció un monstruo en la ducha” es el razonamiento rápido típico, pero ilógico.

¿Soluciones al problema?

Hay varias soluciones, pero sólo una es la efectiva. Tenemos que volver a ser niños y llevar con nosotros mismos almohadas u objetos personales. Lo que nos haga sentir que tenemos algo de comodidad a la cual estamos acostumbrados.

Hay que imitar a los niños, que al salir de su lugar llevan bajo el brazo un muñeco. Ese muñeco da la seguridad y el apoyo que él o ella necesita para poder seguir adelante con su día.

Si esa solución no bastara, hay que saber que con la experiencia esto deja de suceder. Por lo cual, si aguantamos una noche, la segunda será, con certeza, mejor. 

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